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Impacto del turismo sobre el medio rural en Mallorca

Jueves, 3 de Febrero de 2011

Paralelamente al desarrollo del turismo en Mallorca, la agricultura ha pasado de ser la actividad hegemónica a tener un peso muy poco relevante en la economía. Tanto por los beneficios que genera, como por el número de personas que emplea. A finales de la década de los 50 y principios de los 60, se inició un importante éxodo de la gente del campo hacia el sector del turismo y de la construcción, los dos estrechamente ligados en su desarrollo. De esta manera se inició una crisis en la agricultura tradicional, basada en cultivos de secano combinando árboles como el almendro, la higuera y el algarrobo con cereales como el trigo para obtener el pan con su harina, base de la alimentación. También encontramos otros cultivos viñedos, olivos en la Sierra de Tramuntana y una actividad ganadera, principalmente ovina. En nuestros días, esta agricultura casi de subsistencia no es viable económicamente, con unas producciones escasas y unos costes de mano de obra y medios mecánicos, que fácilmente pueden superar el valor de las cosechas.

Los cultivos tradicionales son los que configuran el paisaje, un elemento básico para el mantenimiento de la actividad turística, con un peso determinante en la economía de las Islas Baleares. Por lo tanto, su degradación repercutiría muy negativamente en la economía, a pesar de su escasa productividad. Su mantenimiento pasa por hacerlos rentables, como se ha conseguido con la viña gracias a la elaboración de vinos de calidad. O bien, por su subvención con fondos públicos. De hecho, gracias a estas subvenciones hay muchos pequeños propietarios, que pueden dedicar parte de su tiempo libre a cuidar sus fincas.

El turismo y el desarrollo de las zonas urbanas han generado una fuerte demanda de hortalizas frescas. Lo cual ha favorecido una agricultura intensiva de regadío y muy tecnificada, para su cultivo. La producción de la cual no es suficiente para cubrir esta demanda. Su crecimiento se ve restringido por la escasez de agua, un recurso necesitado en grandes cantidades, para este tipo de cultivos.

El abandono de la actividad agrícola ha venido acompañado de un cambio al uso residencial de la tierra. Lo que ha supuesto una fuerte especulación sobre su valor. Empeorada por la intervención de ciudadanos del norte de Europa, principalmente alemanes, que con unas rentas muy superiores a la media de Mallorca, han contribuido a encarecer enormemente su precio. Actualmente el valor de una finca no se mide por su capacidad productiva, sino por las posibilidades que otorga la ley para construir una vivienda. Este encarecimiento dificulta todavía más la rentabilidad de la actividad agraria.

Inicialmente los turistas se alojaban exclusivamente en los centros turísticos de la costa, sin embargo con el paso del tiempo han ido entrando en el medio rural. Alojándose en segundas residencias, fincas de agroturismo o bien en pequeños hoteles rurales. Este es un tipo de turismo respetuoso con el medio ambiente, que no ha de suponer más consumo del territorio. De esta manera se pueden conseguir unos ingresos, necesarios para el mantenimiento del paisaje y del patrimonio arquitectónico del medio rural.

La matanza del cerdo en Mallorca

Sábado, 11 de Diciembre de 2010

El cerdo ha tenido y todavía tiene mucha importancia en el mundo rural, su carne salada (huesos y tocino) o bien transformada en embutidos como la sobrasada, ‘botifarrons’, ‘camaiot’ y ‘blanquets’ entre otros. Ha sido casi la única carne que han comido los campesinos durante mucho tiempo a lo largo del año. No es de extrañar, que tenga una importancia relevante en la gastronomía mallorquina. La matanza del cerdo es un acontecimiento importante dentro del calendario campesino del invierno. Este día las familias se reúnen para hacer una fiesta de ello. La mayor parte de su carne es destinada a la elaboración de embutidos, aprovechándose absolutamente todo. Una vez terminada la faena, se come abundantemente sin que falte de nada. Antiguamente la fiesta se alargaba con música y bailes, costumbre que se ha perdido con las nuevas formas de diversión. Esta tradición se mantiene viva, y son muchas las familias que sin trabajar en el campo engordan un cerdo a lo largo del año, o bien lo compran con el fin de hacer la matanza. De esta manera se obtienen unos embutidos de mayor calidad a los que podemos encontrar en los comercios, sobretodo la sobrasada que será consumida durante todo el año. Difícilmente se mantendrá mucho tiempo esta tradición. A medida que la gente que vivió aquella Mallorca rural, de antes del desarrollo turístico de los años 60 nos vaya dejando, se irá perdiendo. La alimentación actual, donde la carne fresca es un componente básico, ha restado mucha importancia a los embutidos como fuente proteínica de nuestra dieta. Además, las nuevas generaciones se han educado mayoritariamente desligadas del campo y de sus labores.

El cerdo de raza mallorquina es de color negro, de tonalidad clara o gris pizarra. Esta pigmentación corresponde a la situación geográfica y lo hace más resistente a la acción de los rayos solares. A pesar de ello, su presencia es minoritaria respecto al cerdo blanco, y va ligada a la elaboración de embutidos de calidad.